Mujeres y política ¿presencia o influencia?

En este tiempo de elecciones y renovación de gobiernos en muchos países, vale la pena reflexionar sobre el papel de la mujer en la política.

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Por Alicia Peñaranda

¿Cuál es el papel de la mujer hoy en la política? ¿Cómo es el liderazgo femenino?

En la última cumbre del G20, la fotografía oficial reflejaba la presencia de 32 hombres y cuatro mujeres. Esta minoría se observa no solo en los ambientes de gobierno sino en los de planeación. En cantidad, por ejemplo, son menos las mujeres que se ocupan de asuntos de asesoría y estrategia política.

En algunas sociedades -como la colombiana- el aumento de la cantidad de mujeres en lo público está propiciado por legislaciones que imponen la inclusión de cuotas determinadas. Hay que decir que esto garantiza presencia pero no influencia per se.

Muchos entornos con normas de paridad, no son los que más mujeres tienen en sus cargos directivos. Esta es una medida que va en aumento, y aunque “por algo se empieza”, esos comienzos deben ser firmes y pertinentes. Estamos en mora.

Mujer y política: un tema del que se pueden hacer muchos análisis y sobre varios aspectos transversales. Por ejemplo: ¿Debemos organizarnos aparte o siempre juntos hombres y mujeres? ¿A las mujeres nos importan temas distintos? ¿Tenemos diferentes formas de abordarlos? aquí comento algunos:

  1. La feminización de la política no depende exclusivamente de que haya mujeres, sino de la existencia de actitudes propiamente femeninas en las actuaciones públicas. La revista Forbes (edición mexicana) publicó un estudio que destaca las cinco virtudes del liderazgo femenino: actitud de cambio, solidaridad auténtica, comunicación plena y activa, desarrollo organizacional e intenciones de mejora y ajuste. En contra posición con los atributos del liderazgo masculino son: autoridad, firmeza y jerarquía. Unos y otros no son excluyentes, por el contrario, son necesarios en la misma proporción.
  2. Un hombre puede liderar con estilo femenino y una mujer con estilo masculino, esto no depende del sexo sino de actitudes. Un hombre, un colectivo, una partido y por supuesto, una mujer, pueden apostarle a un liderazgo de tipo femenino: conciliador, horizontal y social. Pueden revestirse de los atributos del liderazgo masculino o decidir un liderazgo mixto.
  3. La separación no es el camino. Una realidad frecuente pero no positiva es la separación y generación de espacios exclusivos para mujeres. Estas apuestas en lugar de integrar, dividen radicalmente. La pertinencia de estos proyectos se cuestionan en tanto que a las mujeres nos importan los mismos asuntos que le importan a los hombres (economía, cultura, educación, igualdad, política exterior, etc). También pierden utilidad en la medida que, en la vida real, hombres y mujeres convivimos siempre juntos. Juntos -y con lo mejor de cada uno- debemos administrar e impulsar la sociedad.
  4. La presencia de una mujer en política cambia radicalmente el estilo de trabajo, las relaciones personales, la percepción de las ideas; lo que no cambia es el acierto mayor o menor de la estrategia. ¡Nosotras tampoco hacemos magia!

¿Llegan las mujeres a la política si quieren? ¿Cuántas llegan? ¿Por qué muchas no quieren? Son preguntas que no podemos dejar de hacernos, entre nosotras, desde la academia y en el sector privado, que es un mundo en el que todavía reina la desigualdad, incluso por encima del sector público.

 

#Liderazgopolítico #Mujerypolítica


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